- Director: Gore Verbinski
- Guión: Matthew Robinson
- Fotografía: Jim Whitaker
- Reparto: Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Asim Chaudhry, Juno Temple, Tom Taylor
- Año: 2025
Si una película dirigida por Gore Verbinski ya despierta mi curiosidad, Buena suerte, pásalo bien, no mueras ha terminado siendo una de esas sorpresas que aparecen casi por casualidad y que uno agradece haber encontrado. La descubrí en Prime sin demasiadas referencias previas y, después de verla, no puedo dejar de pensar que estamos ante una película que, tarde o temprano, acabará convirtiéndose en una obra de culto.
Verbinski parece haber tenido una idea absolutamente disparatada y, en lugar de intentar domesticarla, ha decidido dejarla crecer. Y da la sensación de que también se ha dejado influenciar por la maravillosa locura de los Daniels, abrazando ese tipo de cine en el que cualquier cosa puede suceder y en el que la acumulación de géneros, situaciones imposibles y sinsentidos termina teniendo muchísimo sentido.
Porque aquí hay de todo. Ciencia ficción, comedia negra, acción, viajes en el tiempo, distopía, drama, crítica social, tecnología, inteligencia artificial… y seguramente alguna cosa más que se me escape. Lo maravilloso es que, dentro de semejante batiburrillo, existe una idea central clarísima: nuestra relación cada vez más enfermiza con la tecnología y hasta qué punto estamos dejando que las pantallas, los algoritmos y la comodidad decidan por nosotros.
Y qué manera tan fantástica de criticarlo. La película no parece interesada en dar una lección académica sobre los peligros de la inteligencia artificial, sino en llevar nuestras contradicciones hasta el absurdo. Cuanto más disparatada se vuelve, más reconocible resulta el mensaje. Y ahí está precisamente su gracia.

En medio de todo este caos aparece un Sam Rockwell absolutamente fantástico. Es imposible imaginar a otro actor sosteniendo semejante personaje con esa mezcla de energía, desconcierto, humor y locura. Rockwell se lanza de cabeza al disparate y consigue que incluso las situaciones más absurdas resulten creíbles dentro de las reglas que propone la película.
Y Verbinski demuestra que sigue teniendo una imaginación visual considerable. Después de tantos años sin dirigir un largometraje, vuelve con una propuesta que no parece diseñada para agradar a todo el mundo. Y eso, precisamente, me gusta. Hay una voluntad de jugar, de experimentar y de llevar la narración por caminos inesperados que resulta refrescante.

Puede que no todo funcione de manera perfecta. Hay momentos en los que la película se pasa de frenada, acumula demasiadas ideas o parece estar a punto de perderse dentro de su propia locura. Pero, sinceramente, creo que incluso eso forma parte de su encanto. Prefiero mil veces una película que se arriesga a ser excesiva, irregular y extraña antes que otra perfectamente calculada que no tenga absolutamente nada que decir.
Porque debajo de todos esos sinsentidos hay un mensaje con muchísimo sentido. Y quizá esa sea la mejor definición de Buena suerte, pásalo bien, no mueras: una locura fantástica que utiliza el absurdo para hablar de algo que, visto desde fuera, resulta bastante menos divertido.
Una película que me ha sorprendido muchísimo, que he disfrutado de principio a fin y que tengo la sensación de que irá ganando con el tiempo. No sé cuándo ocurrirá, pero apostaría a que estamos ante una de esas películas que dentro de unos años alguien reivindicará diciendo aquello de: «¿Cómo es posible que esto pasara tan desapercibido?».
Yo, desde luego, ya estoy dentro.
