- Director: Christopher Nolan
- Guión: Christopher Nolan
- Fotografía: Hoyte van Hoytema
- Reparto: Soubhelia Yacoub, Tandi Wright, Hunter Doohan, Luciane Buchanan, Erroll Shand
- Año: 2026
Hay películas que entretienen, otras que sorprenden y algunas que consiguen recordar por qué merece la pena ir al cine. Para mí, La odisea pertenece claramente a este último grupo. Ha sido una de esas experiencias que justifican por sí solas sentarse en una sala, apagar el móvil y dejarse llevar durante casi tres horas.
Y quizá una de las cosas que más he disfrutado es precisamente esa capacidad para llevarme de vuelta a la infancia. A aquellas tardes descubriendo Jason y los argonautas, las grandes aventuras mitológicas y esos relatos en los que dioses, monstruos, héroes y criaturas imposibles convivían con absoluta naturalidad. Solo que aquí esas aventuras pasan por la impecable forma de contar de Christopher Nolan.

Nolan tendrá sus detractores, por supuesto, pero yo desde luego no soy uno de ellos. Me ha gustado todo. Es uno de esos directores que entiende el cine con sus propias reglas, tanto las que decide mantener como las que decide romper. Utiliza todos los recursos que el lenguaje cinematográfico ha ido descubriendo a lo largo de su historia y no parece tener ningún miedo a recurrir a ellos si sirven para construir su visión. Y eso, en una época en la que muchas películas parecen fabricadas siguiendo un manual, me resulta especialmente estimulante.
Pero hay algo todavía más bonito detrás de todo esto: contemplar cómo dos formas de contar historias, separadas por miles de años, terminan dándose la mano. Homero transmitió durante generaciones una historia que nació de la tradición oral y que consiguió llegar hasta nuestros días. Y ahora uno de los directores más originales, ambiciosos y apasionados del cine contemporáneo vuelve a contarla utilizando todas las herramientas que tiene a su alcance. Es difícil no encontrar algo fascinante en ese viaje.
Además, el espectáculo es sencillamente monumental. La fotografía de Hoyte van Hoytema, el diseño de producción, los efectos, el sonido y, sobre todo, la escala de determinadas secuencias hacen que la película pida a gritos una pantalla grande. Es cine pensado para ser visto en una sala, no para quedar reducido a una ventana en casa.

Y luego está el reparto. Solo leer los nombres ya da un poco de susto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Robert Pattinson, Zendaya, Lupita Nyong’o, Charlize Theron, Jon Bernthal, Samantha Morton, Benny Safdie… Y lo mejor es que todos parecen entender perfectamente el tono de la película y están a la altura de semejante despliegue.
Hay algo, eso sí, que me resulta bastante cansino de la conversación alrededor de la película: el ruido generado alrededor de determinadas decisiones sobre el reparto, como si la adaptación de una historia mitológica de miles de años de antigüedad tuviera que someterse a una especie de auditoría contemporánea sobre el aspecto físico de cada personaje. Entiendo que puedan existir debates sobre representación, pero en este caso me parece que se está perdiendo de vista lo verdaderamente importante.
Estamos hablando de una historia que nació de la tradición oral, que fue transformándose con el tiempo y de la que no conservamos precisamente una ficha de casting original. Si alguien tiene el manuscrito de Homero donde se especifica el tono de piel, el sexo o cualquier otra característica física de Helena, de Sinon o de cualquiera de los personajes, estaré encantado de leerlo. Mientras tanto, quizá podamos permitir que una obra de ficción de semejante antigüedad vuelva a ser reinterpretada.
Y además, puestos a hablar de la Grecia clásica como si tuviéramos que aplicar sobre ella nuestras categorías actuales, quizá convendría recordar que tampoco estamos ante precisamente el ejemplo histórico de una sociedad definida por nuestra concepción contemporánea de la sexualidad. Pero ese es otro debate.
Lo que me interesa de La odisea es que Nolan ha cogido una historia que lleva miles de años siendo contada y ha encontrado su propia manera de volver a contarla. Y lo hace con pasión, con ambición y con una confianza absoluta en el lenguaje cinematográfico.
Para mí, eso es cine.
Una maravilla de experiencia, de esas que hacen que salir de una sala vuelva a tener algo de aventura. Y si después de miles de años seguimos contando la historia de Ulises, quizá sea precisamente porque algunas historias no necesitan ser reinventadas: solo necesitan encontrar a alguien con ganas de volver a contarlas.
