- Director: Mike Flanagan
- Guión: Mike Flanagan, basada en la novela Carrie de Stephen King
- Fotografía: Michael Fimognari
- Reparto: Summer H. Howell, Samantha Sloyan, Alison Thornton, Thalia Dudek, Amber Midthunder, Matthew Lillard
- Año: 2026
Un sí, pero no. Así me quedo con esta nueva adaptación de Carrie de Stephen King, una serie que empieza como un tiro y que durante seis capítulos me ha tenido completamente enganchado. Mike Flanagan parece haber encontrado la manera de trasladar este clásico a nuestros días, construyendo una lectura moderna que funciona de maravilla y que sabe jugar con nuestras simpatías y antipatías hacia los personajes.
Hay mucho que me gusta de esta primera parte. La forma de presentar a sus protagonistas, de ampliar sus conflictos y de conseguir que cambiemos nuestra percepción de ellos según avanza la historia demuestra que Flanagan sabe perfectamente qué teclas tocar. Todo parece encaminado a desembocar en algo grande. Y, precisamente por eso, la caída me ha resultado tan frustrante.

Porque cuando llega el momento de que todo estalle, cuando la serie parece tenerlo todo preparado para dar el golpe definitivo, los dos últimos capítulos me desmontan buena parte de lo que había disfrutado hasta entonces. La evolución de Carrie, que por momentos parece avanzar hacia una transformación radical, acaba dando marcha atrás y devolviendo al personaje a un territorio que ya creíamos superado. Como si, llegado el momento de tomar decisiones importantes, la serie no se atreviera a dejarla avanzar por el camino que ella misma había trazado.
Y lo que me resulta todavía más desconcertante es que parte de esa evolución termine dependiendo de decisiones que no toma la propia protagonista. Cuesta aceptar que un personaje que parecía estar conquistando su propio espacio acabe perdiendo ese protagonismo justo cuando más lo necesitaba.

El formato de serie tiene una ventaja evidente: permite ampliar el universo, explorar personajes secundarios y desarrollar historias que una película no podría abordar con el mismo detalle. Cuando funciona, puede ser fantástico, como ya vimos con It: Bienvenidos a Derry. Pero ampliar un universo no significa necesariamente enriquecerlo. En Carrie, algunas de esas ramificaciones empiezan despertando curiosidad para acabar generando desconcierto y, en mi caso, una decepción considerable.
Eso sí, hay algo que no puedo reprocharle: el apartado visual del clímax es bastante glorioso. Cuando la serie decide desplegar toda su fuerza, hay imágenes que justifican por sí solas buena parte de la expectación acumulada.
Y esa es precisamente la espina que se me queda clavada. Carrie tenía los ingredientes para convertirse en una adaptación memorable. Durante buena parte del recorrido, me lo creí por completo. Pero no basta con preparar una explosión espectacular si, cuando llega el momento de hacerla estallar, la historia pierde el rumbo.
Me quedo con esos seis capítulos que me tuvieron atrapado y con la sensación de haber estado viendo algo que podía llegar muchísimo más lejos. Una pena, porque pocas cosas frustran tanto como una serie que te convence de que lo tiene todo para triunfar y termina sin estar a la altura de sus propias promesas
