• Director: Kane Parsons
  • Guión: Will Soodik, Kane Parsons
  • Fotografía: Jeremy Cox
  • Reparto: Chiwetel Ejiofor, Renate Reinsve, Mark Duplass, Finn Bennett, Lukita Maxwell, Avan Jogia
  • Año: 2026

Hay propuestas que consiguen atraparte desde el primer momento simplemente porque plantean algo diferente. Backrooms es una de ellas. Una idea tremendamente original que se mueve dentro de una pesadilla a medio camino entre la exploración de terrenos virtuales y un viaje hacia el propio interior.

Durante tres cuartas partes de la película he estado prácticamente sin pestañear. La historia comienza atrapando y, poco a poco, nos va llevando hacia unos espacios que parecen sacados de una pesadilla arquitectónica, con unos decorados que por momentos recuerdan al expresionismo alemán y que consiguen construir una atmósfera realmente inquietante.

Y si hay un elemento que me ha parecido especialmente destacable es el sonido. Es una de las grandes joyas de la película y una pieza fundamental para meternos en ese mundo extraño, vacío y amenazante. Todo parece pensado para que la experiencia cinematográfica vaya mucho más allá de lo que estamos viendo.

Las interpretaciones tampoco desmerecen la propuesta, especialmente Chiwetel Ejiofor, que consigue sostener buena parte del peso de la película y transmitir esa sensación de desconcierto y búsqueda que necesita el personaje.

El problema llega en el último cuarto. La película pierde algo de fuelle y determinados efectos y maquillajes no están, en mi opinión, al nivel del resto de la pieza. Después de una construcción visual y sonora tan potente, ese descenso se nota especialmente.

Y aquí es donde me quedo con una sensación un poco extraña. Backrooms me ha entusiasmado durante buena parte del viaje y, precisamente por eso, me da cierta rabia pensar en lo que podría haber sido si hubiera conseguido mantener ese nivel hasta el final. Me ha hecho mirar la pantalla con esa mezcla de inquietud y fascinación que pocas películas consiguen provocar, y eso pesa mucho más para mí que un último tramo que no termina de estar a la altura.

¿Podía haber llegado a algo más? Sin duda. Pero también tengo bastante claro que podía haber sido muchísimo menos. Y yo, personalmente, prefiero quedarme con esas tres cuartas partes en las que Backrooms consiguió meterme de lleno en su pesadilla.

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